Au amigo que al leer esto en en Guia Gisha me pidió quee lo publicara en miblog

  • Posted on octubre 19, 2012 at 22:42

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Puedo aseguraros que “él” lo ha leído, y lo ha leído con gusto porque está bien escrito, suena bien, la música que deja traslucir suena a buena música… Música, sí, porque debajo de un texto así hay música y esa música suena en una frecuencia que “él” capta porque la conoce y la ha sentido palpitar entre sus brazos, la ha sentido en la piel de Shara, en la suavidad de una piel, la de ella, que es pura música, que es esa misma música…
Qué bonita estaba la marisma, sí. “Él” jamás la olvidará, aquella tarde del Sábado 23 de Julio, a pesar de que ya había comenzado a secarse por efecto de las altas temperaturas. Pero el atardecer, que llenaba el cielo de tonos dorados, lila, rosáceos, rojos, azules de la más diversa intensidad, los gritos de las aves que a cientos y en bandos más o menos numerosos volaban a diversa altura salpicando el cuadro de una lámina de agua que todavía mostraba buena parte de su esplendor primaveral…
Todo ese cuadro, Shara, puedo asegurarte que “él” jamás lo olvidará, y no lo olvidará porque, apesar de gran amante de la marisma, la marisma se completaba con Shara, con su suavidad, con su sensualidad… Y “él” se encendía cuando sentía tu calor, el albor de tu piel, cuando lo abrazabas…
El paseo de la ermita, el paseo de la marisma que en todo parece un paseo marítimo, especialmente cuando la marisma está llena… ese restaurante que deja ver todo El Rocío al dorado fin de la tarde, y el encanto especial de la aldea, su ambiente, su calor humano.
En medio de todo ello “él” recuerda las horas de sensualidad, “él” jamás podrá olvidar las horas seguidas de frenesí en aquel hotel que dejaba ver a través de sus ventanas el cielo azul de Andalucía, horas seguidas de carícias, de sentimientos, de placer… Cuanto placer dado y recibido, las caricias, los besos, las palabras, los suspiros, los gemidos, en suma, el cariño… y todo lo demás que vino después, en creciente intensidad, en oleadas de cariño y de amor en toda su extensión.
Y es que, Shara, “él” vivió un fin de semana en que el paisaje y Shara se integraron para ofrecer sensaciones a los sentidos, para hacerlo sentir vivo, a “él” y a Shara, vivos los dos en una vivencia única, única porque fue maravillosa en todos los sentidos, al menos para “él” así lo fue, y sospecha fundadamente que para ella también, única porque las sensaciones lo hicieron sentirse más vivo que nunca, unido como ser vivo a la Naturaleza, en unos instantes (de placer y´no sólo) únicos, que, irrepetibles, permanecen indelebles en la memoria e, infelizmente, no se volverán a vivir, pero que espera, “él” así lo espera y desea fervientemente, puedan dar pie a otros encuentros en el mismo lugar o en otros lugares semejantes, o diferentes, pero que transmitan vida con la misma intensidad…
“Él” así lo siente, así lo vive y, en homenaje y agradecimiento a alguien tan especial como para “él” es Shara, así me dijo que lo escribiera.
Gracias.
El tomador (que no el timador)

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